Buen aniversario (relato 1)

Mi mujer y yo siempre hemos sido muy abiertos en todo lo referente al sexo, es eso lo que nos ha llevado a experimentar multitud de cosas, pero siempre entre nosotros.

Desde que nos casamos, hace más de 15 años, jamás he estado con ninguna otra persona, ni pensaba hacerlo, hasta hace poco…

Se acercaba nuestro aniversario 16, y estábamos planeando el irnos de vacaciones a Marbella, para disfrutar de la playa y el sol. Sin embargo, mientras estábamos charlando sobre todo lo que nos gustaría hacer, surgió la idea de hacer algo nuevo.

— ¿Qué podríamos hacer? —Le pregunté.

— Bueno, hay algo que nunca he hecho y que siempre me ha dado curiosidad… —me dijo ella.

Entonces me contó que siempre había sentido deseos de estar con una escort de lujo, una mujer versada en la satisfacción y el placer.

—Además… me gustaría que me vieras hacerlo… el estar con ella

—me dijo un poco apenada.

Siempre hemos sido muy comunicativos, así que intuía que su pena estaba dada por un deseo reprimido durante demasiado tiempo.

Recordé entonces la última vez que había estado con una escort, antes de comprometerme con ella, y pensé en lo que me gustaba hacerlo.

Así que le propuse un trato: ella podría hacerlo, pero, para que fuera equitativo, yo también debería hacerlo…

Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando asintió con la cabeza.

Así llegó nuestro aniversario número 16, en Marbella. El año anterior habíamos celebrado en San Sebastián, y había sido un gran aniversario, así que esperábamos que Marbella hubiera sido una buena elección, y la ciudad no nos decepcionó.

Una cena increíble, un día en una playa estupenda, y en la noche… ya había contactado con ella a través de una página de escorts en Marbella, y luego de charlar sobre la situación estuvo de acuerdo.

Recuerdo verla en la puerta del hotel, pelo negro, ojos profundos y una voz obscena… Ciertamente se notaba que era una mujer versada en el placer.

Ella, mi mujer y yo nos sentamos a charlar un par de minutos, bebimos una copa de vino, y luego ellas dos se fueron a la cama. Por un momento sentí deseos de irme. Era una sensación muy extraña el ver a mi mujer en la cama junto con alguien más, pero sabía que era especial para ella, así que me quedé.

La chica la tocaba con suavidad, y con destreza podía ver a mi mujer retorcerse bajo sus manos suaves y perfectas. Pensé que a mí me gustaría saber desnudarla de esa misma forma. Se besaban con efusividad, usando la lengua, de a momentos alguna de las dos me lanzaba una miraba fugaz, lasciva y luego vi a la chica bajar hacia su entre pierna, cogerla con firmeza, y zambullirse en su vagina.

Las manos de mi mujer aferrándose con fuerza a las sábanas, los gemidos de ambas, y el ambiente caliente de la habitación formaban el escenario perfecto para la erección que estaba a punto de reventar mis pantalones. Los pechos de mi mujer siendo tocados por las manos suaves de esa chica, y su coño siendo devorado por una boca experta.

El clímax explotó como una bomba nuclear, trayendo consigo espasmos involuntarios, que disfruté mucho ver. Cuando todo terminó, la chica se despidió de ella con un beso en los labios y de mí con un beso en la mejilla. Apenas la puerta se cerró, ambos nos abalanzamos, el uno sobre el otro, intentando apagar el incendio que ella, con su destreza y su sensualidad, había encendido.

Continuará…

Si quieres leer la próxima parte, visita nuestro blog.

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