Buen aniversario (relato 2)

Narración de la mujer…

Mi cabeza daba vueltas… Seguía teniendo pensamientos sobre lo que había sucedido la noche anterior. Al despertarme, sentía resaca, pero no había tomado más que una copa de vino. Nunca me había sentido de esa forma, me gustaba sentirme así.

Ese día, vería a mi marido hacerlo con otra mujer. Pensar en esa frase me aceleraba el corazón. No sabía si me gustaría o si no lo haría. Lo que si sabía era que lo deseaba, tanto como había deseado que él me viera haciéndolo con otra mujer.

Esa lengua dentro de mi vagina, esas suaves manos acariciando mis pechos… no podía dejar de pensar en la noche anterior. Y me preguntaba si él se divertiría y disfrutaría tanto como hice yo. Solo había una forma de averiguar.

Ese día, todo transcurrió de forma normal. Fuimos a la playa un rato, tuvimos un delicioso almuerzo, y charlamos sin mencionar lo que había sucedido la noche anterior. Solo al anochecer, le pregunté si él había arreglado las cosas.

—Por supuesto. Ella estará aquí en una hora —me dijo de forma escueta. Parecía estar tan nervioso como lo estaba yo.

Cuando ella llegó, yo le abrí la puerta. Era una mujer hermosa, rubia, de labios sugestivos y un muy buen cuerpo.

De la forma en que hicimos la noche anterior, nos sentamos los tres a charlar.

Era una habitación grande, donde había bastante espacio, yo había bebido un par de copas de vino, la chica bebió solo una, por cortesía, y él no bebió ni un poco. Cuando se fueron a la cama, mi corazón latía con fuerzas. Supuse que él de él corría veloz como un caballo.

Me miró, y luego dejó que ella hiciera el trabajo, besándolo en los labios, besándolo en el cuello, y quitándole poco a poca la camisa, botón por botón. Ese cuerpo que es mío para disfrutar desde hace 16 años, siendo tocado de forma lasciva por alguien más, más bien, siendo tocado por una mujer experta en el placer, me sofocaba.

Pero era una sensación que me gustaba mucho. No podría decir si estaba excitada o no, pero me emocionaba, y me gustaba ver.

Cuando lo terminó de desnudar y lo introdujo en su boca, la mía se hizo agua, pensando en todas las veces que lo había devorado y que me había llenado de su semilla. Ella lo succionaba y él gruñía. Luego se levantó, desnudándose, no solo para él, sino también para mí, pues las miradas lascivas las dirigía a ambos. Y poniéndose en cuatro, con su cabeza en dirección hacia mí, le pidió que la penetrara. Ella estaba tan húmeda que pude escuchar el sonido de él entrando.

Mi marido ya no se sentía tímido, y la tomaba con la fuerza y el gusto con el que me tomaba a mí. Ella, por otra parte, disfrutaba en verme, y yo disfrutaba en verla a ella. Tan hermosa y tan sensual, siendo follada por el hombre a quien amo y a quien disfruto. Los gemidos de ella también eran míos, y el placer de ambos, yo lo sentía en mi interior. 

Incluso el orgasmo lo sentí dentro de mí, toda su semilla derramándose, aunque se derramaba en el preservativo…

Se despidió de los dos con un beso en la boca, y apenas cerramos la puerta, como la noche anterior, nos abalanzamos el uno sobre el otro. Esa noche y la noche anterior, en verdad, son dos noches para no olvidar…

Qué buen aniversario…

Fin.

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