Carolina, una escort de lujo

Comencé mi negocio con 27 años y supe que mi vida social iba a cambiar totalmente. En un principio, faltar a las fiestas de mis amigos no me afectó en absoluto. Pero con el paso del tiempo me sentía más aislado que nunca. Sólo pensaba en mi trabajo y en mi empresa, dormía muy poco, comía a horas muy desordenadas. Y seguro que no admitiré abiertamente cuanto tiempo estuve si echar un buen polvo. En los años siguientes comencé a plantearme la idea de conocer una chica y casarme. Pero me aburrían las rutinas de cortejo, simplemente quería una chica bella, sexy y agradable con la cual hablar. Alguien que frecuentar y follar sin ningún compromiso. Así fue como descubrí a las escorts de lujo en Marbella.

Cuando por fin me decidí a salir con una escort de lujo, me sentí nervioso. Era mi primera vez haciendo algo así y no tenía idea de cómo llevarlo. Carolina, fue la que me recibió cariñosamente en la privacidad de una habitación de hotel. A simple vista se notaba que trabajaba duramente sus músculos. Todo en ella era firme y podía adivinar que no había ni un centímetro de grasa flácida en su cuerpo.

Me hizo pasar con una sonrisa cálida e incitante y me sentó en un sofá. El corazón me latía con fuerza, las manos me sudaban. Aquella mujer de ensueño me hacía imaginar toda clase de cosas cachondas. Quería meter mi cara entre esas piernas musculosas y lamer un rato. En cambio preferí calmarme un poco, teníamos tiempo suficiente.

– Esta es la primera vez que contrato a una escort de lujo – le dije a Carolina con timidez.

– ¡Un virgen! – dijo ella contenta tomando un par de copas y llenándolas– deja que me encargue de ti.

Y vaya que lo hizo.

Luego de beberme la copa y dejarla vacía sobre la mesita, Carolina tomó mi mano y me llevó a la cama. Sin decir una palabra más, lentamente abrió mi camisa y comenzó a besarme el cuello. Sus manos eran firmes, eficientes y suaves mientras me tocaban. Sentía que toda la presión del trabajo se evaporaba entre mis poros. Cuando me acosté en la cama totalmente desnuda, Carolina se sacó su vestido rojo. La ropa interior era sexy y de buen gusto. Sentí que la polla me iba a explotar de un momento a otro.

Sin más comunicación que una mirada de mi parte, la escort de lujo se subió sobre mi cuerpo. Comenzó a trabajar sobre mí duramente, sin clemencia, exactamente lo que necesitaba. Me follo sin cansancio una y otra vez, hasta que quedé laxo y satisfecho sobre la cama. Le pedí que se acostara a mi lado unos minutos más y ella accedió con amabilidad. Me sentí satisfecho y acompañado como desde hace mucho no lo hacía.

Nos despedimos como buenos amigos. Mientras me dirigía a la oficina feliz, pensaba en lo mucho que deseaba otro encuentro con una escort de lujo. De la misma calidad que Carolina. Me habían tratado excelente y no podía sentirme más satisfecho.

FIN.

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