Dos bocas insaciables – Relato erótico

En mi tierna juventud hice un viaje a Suramérica que nunca habría de olvidar. Allá hice un amigo, Alejandro, que una noche, mientras estábamos en Colombia, me llevó a un lugar que él solía frecuentar.

Yo era bastante joven y tímido, y cuando me encontré rodeado de hermosas mujeres, tuve miedo. Dos chicas, de piel morena y pelo oscuro, me acariciaron y me tomaron de la mano, llevándome a una habitación donde me hicieron hombre, pues era mi primera vez. También era mi primera vez con dos mujeres.

Desde aquella noche frenética, mucha agua ha corrido debajo del puente, pero me quedó un gusto por la dulce voz de las chicas de Colombia, mezclada con ese acento suyo que es tan lascivo, con una forma particular de decirte guarradas que te encienden, pero que a la vez te enternecen y sacan tus más profundos deseos.

También me quedó el placer de solo ser amado por escorts, expertas en el sexo. Y las escorts en Marbella, mi ciudad, no tienen comparación.

Pero no solo me he limitado a las chicas colombianas, sino que también he podido disfrutar de grandes y placenteros momentos junto a chicas de distintas nacionalidades, siempre de Suramérica, cuyos distintos acentos y distintas costumbres durante el acto de follar no dejan de sorprenderme. Por suerte, se dónde están las mejores escorts en Marbella.

¿Contar alguna vez que recuerde con gusto?

Pues recuerdo encontrarme en una habitación de hotel, con vistas al mar, junto con Sofía y Carla.

Con bragas de encaje y el pecho desnudo, ambas me miraban lascivamente. Previamente les había dicho que no soy de esos hombres que disfruta en ver a dos mujeres juguetear entre sí, sino que disfruto ser el juguete, el centro del placer cuando estoy con dos mujeres. Y las dos, muy lascivas, se acercaron a mí, que permanecía en la cama, acariciándome y masturbándome. Una tomando el falo duro, la otra tomando los cojones apretados.

Me besaban el cuello, me susurraban cosas indecibles, y me masturbaban como solo ellas sabían hacer.

Entonces sentí ese calor y esa humedad de una boca, rodeándome y vi a Sofía introduciéndolo todo en su boca. Carla, que es golosa, reclamó su parte, lamiendo un poco más abajo.

Me dejaba agasajar, relajándome y disfrutando de tales atenciones, con la polla dura como una piedra y sus bocas húmedas lamiendo, besando y comiendo.

Pero más húmedas que las bocas estaban sus coños, que sentía como me apretaban, como no queriéndome soltar. Sofía cabalgando mi polla y Carla cabalgando mi cara, que se derretía de goce en su húmedo coño.

Luego ambas se acostaron en la cama, muy juntas, dándose besos ocasionales y recibiéndome de a turnos. Y cuando por fin me corrí, lo hice sobre ambas, otro de los placeres culposos de esa primera vez.

Y aunque el encuentro fue frenético, casi bestial, lo que hace aquella vez digna de mención es que, al notar que aun seguían duro, empezaron a engullirme de nuevo con sus bocas húmedas. Eran insaciables. Pero yo también lo era.

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