Escort de lujo para pareja de casados

Al encontrar a mi mujer saltando sobre otro hombre, lo primero que pensé fue que mi matrimonio estaba acabado. Pero, mientras la miraba ser penetrada por un hombre distinto a mí, pude darme cuenta de que mi pene se ponía muy duro dentro de mis pantalones. No pude evitar tocarme pero procuré desaparecer antes de que ellos terminaran. Horas después, enfrenté a mi esposa para saber qué haríamos al respecto, ella me dijo que no quería romper nuestro matrimonio pero que tampoco se quería prohibir a si misma el placer de ser follada por otro hombre. Luego de dialogar durante un rato, llegamos a la conclusión de que la única manera en que se podía equilibrar la balanza, era si yo hacía lo mismo, siendo visto por ella. Decidí que en vez de hacerlo con un conocido, como había hecho ella, yo lo haría con una escort de lujo.

Ambos fuimos tomados de las manos a ver a la escort de lujo en el piso donde atendía. Nos recibió con mucha amabilidad y, antes de entrar a la habitación, le planteamos nuestro caso. Ella asintió, comentándonos que en ocasiones las parejas necesitan experimentar un poco más, probar otras bocas, otras pollas, otros coños y que, de esa forma, al volverse a juntar en la cama, pueden poner en práctica todo lo que han aprendido. A fin de cuentas, lo que importa es el goce que podemos sentir al momento de follar y cualquier cosa que lo estimule, si no nos hace daño, tiene validez.

Llevamos una silla hasta la habitación donde mi mujer se sentó, un poco tensa en un principio, al igual que yo, puesto que esto sería de una forma planeada, no espontanea como había sucedido cuando la encontré a ella. De esta forma comenzó la sesión con la escort de lujo, con un poco de miedo.

Mi boca se acordó a la boca de la escort de lujo y sus labios gruesos engulleron mi boca. De una forma experta, me fue quitando la ropa hasta que estuve completamente desnudo. Se puso de rodillas, disponiéndose a introducir mi polla en su boca, primero de una forma suave, lamiendo, chupando, consumiendo y luego de unan forma más violenta, aferrándose a mis nalgas para hacerme penetrar más profundo en su garganta. Mientras tanto, mi mujer nos miraba menos tensa, relamiéndose los labios mientras se revolvía en su asiento, deseosa. Al parecer, le gustaba observar tanto como a mí.

La escort de lujo me lanzó sobre la cama para introducirme dentro de ella. Saltando sobre mí, comenzó a gemir con gusto. Yo también hacía mi parte, elevando mi pelvis, haciendo que mis piernas chocaran con más fuerza contra el culo de ella. Mi mujer, que a estas alturas ya se estaba tocando, le gritaba “fóllatela como me follas a mí, vamos. Méteselo duro”. Escucharle me ponía más cachondo, tanto que me sentí a punto de acabar.

Nuestra escort de lujo me sintió latir con fuerza dentro de ella, por eso salió porque planeaba recibirme entero en su boca. Mientras el líquido blanco y espeso brotaba de mi polla, mi esposa, que introducía un par de dedos en su coño, gritaba: “Llénala de leche, de mi leche. Llénala completa”. Tan excitada estaba que no pudo evitar levantarse de su lugar para besar la boca blanca de nuestra escort de lujo, que se divertía con nosotros. Luego de abandonar aquel lugar, hicimos un pacto: no detenernos. Al llegar a casa follamos como nunca lo hemos hecho, gracias a esa sesión.

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