Escort en una discoteca de lujo

Cuando se hicieron las 22hrs, Federico estaba ya de pie fuera de aquel lujoso establecimiento en el centro de Marbella, esperando a su hermosa acompañante, una increíble escort de lujo llamada Carla, a quien había contado en una elegante y discreta página.

La luz de los faros de un taxi llamó la atención de Federico y muy pronto notó como la puerta trasera del automóvil se abría, dejando que una mujer increíblemente hermosa saliera. Con unas largas piernas, caderas voluptuosas y una cara latina y sensual, Carla tenía un hermoso vestido plateado de pequeñas lentejuelas y caminó hacia Federico con la confianza de una mujer que sabe realmente el poder que tiene su belleza.

Dos besos en las mejillas bastaron para una presentación cariñosa y pronto se internaron dentro de la discoteca de lujo. Adentro las luces eran tenues y la música sonaba fuerte, incitando al cuerpo a moverse. Las mujeres hermosas se movían por todo el sitio, pero ninguna se comparaba a aquella escort de lujo. Quizás era su cuerpo curvilíneo, el vestido que abrazaba su piel o el rostro hermoso y sereno, que expresaba seguridad y un poco de peligro. Se sentaron muy pronto en una mesa.

                –¿Quieres algo de beber? –preguntó Federico inclinándose para hablarle al oído.

                –Beberé lo mismo que tú –dijo ella con una hermosa sonrisa.

Federico hizo una seña a un camarero mientras disfrutaba del dulce olor de ella, una mezcla de algún perfume caro y su propia piel, que lucía apetecible como la miel. Inmediatamente trajeron dos bebidas mientras Carla y Federico conversaban entre risas.

A Federico le gustaba mucho ir a discotecas, especialmente cuando eran tan elegantes como aquella, nunca bailaba, solo se sentaba a mirar a las personas y beber. Y aunque generalmente iba solo, ese día tenía la suerte de contar con aquella hermosa escort de lujo, así que pensó que era una buena oportunidad para bailar un poco.

Carla lo acompañó a la pista de baile y Federico se impresionó ante la habilidad que ella tenía para bailar cualquier tipo de música. Cuando sonó una canción de salsa y vio a la escort de lujo reírse con gusto, Federico se sintió muy satisfecho de verla disfrutar tanto. Bailaron durante horas, canción tras canción, mientras reían y coreaban alguna letra.

La noche pasó volando en los brazos de aquella bellísima escort de lujo. Carla hizo que Federico pasara una de las mejores noche de su vida, sin siquiera sacarse una prenda de la ropa.

Al llegar la despedida, Carla le robó un beso a Federico, quien se sintió tan emocionado como un verdadero adolescente y se despidieron en la misma entrada de aquella discoteca de lujo, donde ella tomó otro taxí.

Aquel día Federico volvió muy feliz a casa y desde ese día, siempre que quiere ir a una lujosa discoteca a pasarla muy bien, contrata una escort de lujo para disfrutar de una noche junto a la mejor compañía posible.

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