La deliciosa Angie

Cada año en mi compañía celebran la fiesta de navidad en el salón principal de un hotel de lujo. Todos mis compañeros van de la mano de sus feas esposas. Yo en cambio acudo siempre sola y me quedo en la barra poniéndome ciega a cubatas. Estado sentada allí sola, ya me alguna vez me confundieron con una de las putas de lujo que a veces están por la zona. Pero soy la gerente de compras y aunque todos me respetan durante el trabajo, en esa fiesta siempre soy motivo de burlas. Mi preferencia sexual era muy conocida por todos, pero jamás me habían visto con una chica. Hasta esa navidad.

Conocí la página de escorts por un amigo, me envió el link y entré sin perder tiempo. Todas las chicas eran hermosas, con cuerpos deliciosos. Había una para cada gusto. Y a mí me gustaban todas por igual, pero debía elegir una para que me acompañara a la fiesta anual. Terminé decidiendome por Angie y concretando el encuentro en la entrada del hotel. Le hablé un poco de la fiesta y prometió ir muy guapa para mí.

Cuando la encontré esperando en el recibidor del hotel con un vestido de terciopelo verde oscuro, me sentí sorprendida. Su cabello rubio estaba elegantemente recogido en un moño. Parecía una dama de clase alta, con un aire aristocrático. Me dio un beso ligero que me dejó labial sabor a fresa en la boca, regalándome una sonrisa. Vaya que era una escort de lujo.

Subimos en el ascensor tomadas de la mano y no podía dejar de verla. El escote de su vestido, aunque discreto, no podían ocultar ese par de pechos firmes.  Mi boca estaba hecha agua por las ganas de comerle los pechos. Pero supe controlarme un poco. Al llegar a la fiesta todos estaban ahí con sus feas esposas, mientras que Angie brillaba como una joya. Su sonrisa era calmada y sus ojos inteligentes, llevaba las conversaciones tranquilamente y supo ganarse la simpatía de todos. Sin duda, era una escort de lujo de primera, y no sólo por su aspecto de top model.

Cuando llegó la media noche, la invité a acompañarme a mi habitación en el hotel. Nos fuimos dejándolos a todos con la boca bien abierta. Ya en la soledad de una habitación vino la mejor parte. Debajo de su vestido de verde oscuro, se mostraba un liguero de encaje del mismo color, cubriendo esa piel suave.

–Voy a hacer que te relajes –fueron sus palabras cuando me sacó la ropa y me acostó en la cama.

Me comió el coño como nadie nunca me lo había comido en mi vida. Me corrí contra su boca un par de veces antes de tener el turno de comérmela. Todo en ella olía a rosas, su piel entera. Ese cuerpo flexible y suave tenía un sabor increíble. Gocé en tocarla, chuparla, lamerla y besarla. Hacerla correrse era un espectáculo sorprendente. Al terminar, me dormí apretada a su cuerpo. La contraté por dos días más y no salimos de esa habitación de hotel hasta el lunes.

Cuando volví al trabajo tiempo después, mis compañeros solo hablaban de la fiesta y lo bella que era Angie. Me sentí totalmente satisfecha y por primera vez aprecié realmente lo que significaba contratar a una verdadera escort de lujo.

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