Perla, una escort de lujo

A todos nos gustan partes distintas del cuerpo de la mujer. Algunos hombres se vuelven locos con un buen par de pechos, algunos hombres prefieren unas nalgas duras y redondas, unos labios suaves y carnosos o un coño totalmente lampiño para saborear hasta que sientes que se te deshace en la boca. Pero a mí, si me preguntan, diría que la parte que más me gusta de la mujer son los pies.

Hace algunas días contacté con una escort de lujo, Perla, una chica de 21 años, en la flor de la juventud, que se huele  se saborea con gusto, al igual que se comen las carnes jóvenes. Recuerdo que mientras la esperaba en el lugar acordado, pensaba en todo lo que me gustan los pies. Lo había dejado muy en claro al contactarnos: tacones y los pies sumamente arreglados. No sabía cómo se veía ella, pero de solo pensar en eso me excitaba.

Cuando llegó llevaba puesto un vestido rojo, muy ajustado. Las líneas de sus piernas sobresalían y sus pechos parecían a punto de desbordarse. Pero fueron sus tacones negros lo que más llamó mi atención.

En un principio me controlé un poco. No sentamos, charlamos y nos tomamos un trago. Pasados unos minutos, comenzamos con aquello. Así que le hice saber que no quería ir directo al grano. Más bien, quería sentarme en el suelo a mirarla completa y apreciar sus pies dentro de los tacones.

Viéndola desde abajo parecía una diosa, grande y furiosa. Sus tacones negros tonificaban sus piernas y sus pies se veían deliciosos. Una tobillera con una cruz colgaba de su pie derecho y yo pensé que, si tuviera que elegir donde morir, elegiría aquellos pies.

Tomé uno entre mis manos y lo besé como una boca. Olía a perfume. Quité el tacón y lo acaricié, aspirando el perfume, sintiendo los dedos, chupándolos de a momentos. Luego me levanté y ella se agachó ante mí, para chuparme, encendiéndome. Pero no había tenido suficiente de aquellos pies.

En la cama, quise ir arriba. Ella se acostó y yo entré con cuidado, en una posición que me permitía tener en mi rostro su par de pies perfectos. Así, mientras entraba y salía los tenía en mi rostro, llenándome del perfume tan delicioso. Sus gemidos haciendo el soundtrack perfecto me llevaban a la locura mientras chupaba sus dedos y la penetraba con gusto, sintiendo cada pliegue de piel, cada vena latiendo.

Y luego de correrme, me detuve un momento a acariciar sus pies, con el gusto con el que un artesano trabaja el mármol. Disfrutándolos, sintiéndolos, mirándola.

Y ahora, en este momento, esperando de nuevo que ella llegue luego de haberla vuelto a contactar, no dejo de pensar en aquel momento. No dejo de pensar en esos pies tan deliciosos, en esos tacones, en esas pantorrillas y en la sensación del coño húmedo que me recibía mientras la chupaba. Algunos hombres prefieren las tetas, otros prefieren el culo. Yo moriría feliz solo teniendo los pies de Perla

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