Primera vez con una española

Cuando Amida Kawamura visitó Marbella, lo que menos espero es qué sus amigos españoles los llevaran a visitar un restaurante de lujo en su primera noche, tampoco esperó que lo dejaran solo en una habitación privada, aguardando por una cita que habían preparado especialmente para él. Pero cuando la hermosa española entró por la puerta y tomó asiento frente a él, se sintió realmente afortunado.

—Soy Cristina y esta noche voy a ser tu escort de lujo, Amida —dijo ella cuando lo miró con una enorme sonrisa

—Eres muy hermosa —fue lo único que alcanzó a decir él mientras las detallaba de pies a cabeza, pasando por su manicura perfectamente hecha, la piel tersa y cuidada, el cabello perfectamente peinado, el maquillaje natural y discreto, esos ojos dulces y el prominente escote de su elegante camisa. Amida nunca había visto una escort de lujo, pero sospechaba que ella estaba a un nivel muy elevado y se sintió realmente contento de tenerla como compañía esta noche.

—Me halagas, muchas gracias —respondió ella estirando su mano elegante y acariciando suavemente el dorso de la mano de él—hoy estoy aquí para cumplir tu fantasía.

Amida se sintió instantáneamente excitado y de pronto aquella fantasía recurrente apareció de nuevo en su cabeza. Siempre se imaginó comiendo en un restaurante mientras una chica debajo de la mesa le hacía sexo oral. Sin palabras, el japonés se sonrojó intensamente asintiendo con suavidad y cerrando los ojos, intentando calmar su respiración.

El camarero tomó la orden y salió inmediatamente para traer la botella de vino que Amida pidió beber antes. Cristina inadvertidamente se deslizo debajo de la mesa y lo próximo que sintió Amida fueron unas manos suaves acariciando sus piernas amablemente, instándolo a relajarse y disfrutar de lo que unos hermosos labios podían hacer por su sexo ya endurecido.

El sonido de la bragueta deslizándose fue ensordecedor ante los oídos de japonés, lo siguiente que sintió fueron unos labios calientes envolviendo su polla con húmeda suavidad.

—Kami sama —susurró Amida colocando las manos sobre la mesa en un intento de quedarse muy quieto.

Los movimientos de Cristina eran suaves y seguros, siguiendo un ritmo constante que iba poco a poco ascendiendo. Un toque en la puerta y el camarero había vuelto, mirando extrañado alrededor, quizás en busca de la hermosa dama que minutos antes había estado sentada frente a él.

Justo en el momento en que el camarero le mostraba el vino, Cristina comenzó a chupar con más fuerza, haciendo que Amida se sobresaltara. El camarero enrojeció e inmediatamente comenzó a abrir la bebida y sirvió dos copas, durante todo ese tiempo, debajo de la mesa el sonido de succión iba aumentando.

La puerta se cerró detrás del camarero y Cristina aumentó aún más el ritmo, logrando que Amida se corriera muy pronto. Mientras el japonés respiraba agitadamente, su hermosa compañía femenina volvió a su asiento y le sonrió dulcemente mientras tomaba un sorbo de vino.

—¿Primera vez con una española? —preguntó ella de pronto.

—Sí y creo que habrán muchas más veces —dijo Amida apurando un trago de la bebida con una sonrisa enorme en los labios.

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