Sexo y alcohol – Relato erótico

Se termina el año. Es esta época donde todos se sienten nostálgico, incluso un poco tristes. No es mi caso.

Disfruto mucho esta época del año, porque tengo vacaciones y puedo venir a Marbella, donde voy a la playa, como de los mejores mariscos que he comido en mi vida, descanso un poco y puedo tener la mejor compañía. Porque la mejor compañía son las escorts en Marbella.

Este lugar tiene cierto encanto; me siento invisible, no corro el riesgo de encontrarme con ninguno de mis conocidos por aquí, y puedo pasar noches enteras, sin problemas, en una habitación de hotel junto a una hermosa escort, experta en satisfacer, dispuesta a darme todo lo que le pida.

Esta noche me visita Lulu. Pero, antes del encuentro, me gusta cumplir con un ritual.

Me levanto temprano para ir a la playa, amenizando mis sentidos, pensando en lo que sucederá más tarde. Me doy un largo baño, sumergido en el agua de mar, que recuerda tanto al coño de una mujer. Mientras me baño, me siento sumergido en un millón de coños, y cada vez el deseo en mí comienza a crecer.

Todo el día se trata de hacer crecer el deseo. Las actividades, la comida, incluso los pensamientos. Para cuando cae la noche,. Alguien toca a mi puerta, y me encuentro con una diosa, de pelo negro y ojos miel, mirándome con lascivia.

—Pasa —le digo.

Me gusta verla caminar. No dejo de pensar sobre aquello que tiene en medio de las piernas, un vicio para mi.

Me ve de arriba abajo y adivina como la lujuria que me está consumiendo; lujuria que ha sido cocinada a fuego lento para dejar que nos consuma en este momento.

Sirvo un par de copas para los dos, y como sabe que estoy impaciente, antes de tomar la copa, se quita el vestido negro, quedándose únicamente con la ropa interior de encaje.

Deja caer un poco del cava que le serví sobre sus pechos, y la línea del líquido llega a ese lugar que tanto deseo.

—¿Quieres comerme, eh? —Pregunta.

Asiento.

Se quita las bragas y me dice que me acerque. Dejando caer desde su boca un poco del líquido sobre su sexo, me invita a abastecerme, a beber de ella. Entonces, de pronto, me siento de nuevo en la tranquilidad de la palaya, mientras la saboreo con gusto. Ella gime y toma mi cabeza, acercándome más.

Cuando no puede más, me levanta y me baja los pantalones, rociándome del licor, para luego chuparme. Pero no hace esto mucho tiempo, porque quiere que entre y yo quiero entrar.

Se pone de perrito y me ensarto dentro de ella, húmeda y expectante, trabajada por mi lengua y mi placer.

Alas embestidas no son rápidas, pero son tajantes. Los gemidos llena el cuarto y el olor a playa, a sexo, a cavas y a lujuria lo impregnan todo.

Al llegar al orgasmo, el placer lo impregna todo. ella me chupa y se relame, llena de licor y de sexo. Luego nos acostamos en la cama y nos reímos del encuentro, con una sonrisa en ambos rostros, mientras no dejo de pensar que me encantan las escorts en Marbella.

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