Un delicioso vino

Antonio, como productor de vinos, siempre había tenido la extraña fantasía de conocer a una hermosa mujer en alguna cata. Una dama bella, refinada y elegante, segura de sí misma, con un paladar y un olfato exquisitos y educados, capaz de percibir todos los secretos que contenía una buena copa de vino. Aunque esa fantasía nunca se había hecho realidad, se había conformado con producir uno de los mejores vinos de España, y cuando se acercó su cumpleaños, decidió regalarse a sí mismo esa experiencia increíble que había imaginado muchas veces.

Cuando vi a Cristina inmediatamente la quise conocer, así que concerté una cita el día de mi cumpleaños, invitándola a una cata de mis vinos. Ella llegó vestida con un pantalón claro y una camisa sencilla, luciendo aun así muy elegante y segura de sí misma. Se sentó en la mesa junto a mí, sin hacerme caso, como una completa desconocida y así estuvimos durante la cata de vino.

                —¿Qué te parece este vino? —pregunté antes de terminar la cata.

                —Redondo en boca, bastante equilibrado— respondió ella con una sonrisa ligera.

La emoción que me embarcó al escucharla, me hizo sentir nuevamente como un jovencito de 16 años a punto de conquistar a la chica más popular de todo el instituto. Pronto, todos salieron de la habitación dejándonos a solas para que pudiera celebrar mi cumpleaños por todo lo alto y lo primero que hice fue besarla en la boca, saboreando la acidez del vino y la dulzura de ella en el proceso.

Su cuerpo se relajó contra el mío y mi deseo hizo que el corazón se acelerara un poco más, deseando hacerla completamente mía. Ella se sacó la camisa con un movimiento elegante que me hizo jadear, su sujetador rosado de encaje me hizo sentir ganas de romperlo con los dientes, pero sus pechos erguidos llamaron rápidamente mi atención. Los chupé con ganas mientras la sentaba en la mesa para sacarle el pantalón, que salió con facilidad, mostrándome las piernas cremosas y apetecibles.

Mientras la admiraba, Cristina tomó una copa y se sirvió un poco más de vino, mirándome con una sonrisa incitante mientras inclinaba la bebida sobre sus labios gruesos y deseables. Me deshice del pantalón con apuro y me puse un preservativo, mientras ella apartaba el material de sus braguitas hacia un lado, mostrándome un sexo jugoso y listo para ser llenado.

Entrar en ella fue probar el cielo y quise gritar de placer, pero sus labios con sabor a vino me hicieron callar. La follé con fuerza, haciendo que un par de botellas cayeran rompiéndose en pedazos, sin embargo, el sonido en vez de alarmarme, me llenó de ímpetu y me hizo buscar el placer con más ganas.

La explosión llegó en el justo momento en que la sentí apretarme una y otra vez, su orgasmo apretando mi polla me hizo perder el control, haciéndome correrme por largos minutos.

Cristina era una fantasía hecha realidad que jamás podría olvidar en mi vida.

FIN

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