Un duo inolvidable

Una de las fantasías más recurrentes en los hombres, se trata de hacer un trío con dos mujeres. La sola idea podría volver loco a cualquiera; pensar en encontrarse en la cama por dos cuerpos de curvas perfectas, cuatro pechos, dos sexos y dos bocas húmedas a tu alrededor.

Yo, como otros hombres, tengo cierta debilidad por las mujeres. Una sola mirada puede volverme loco, y llevarme a mundos que no podría visitar de otra forma. Y si eso lo multiplicamos por dos, de solo imaginarlo, mi entrepierna se endurece de gusto y de deseo.

Es por esa razón que un día decidí hacer realidad mi fantasía, sin preocuparme por las convenciones sociales o el qué dirán de los demás. Simplemente contacté con Linda, una hermosa colombiana. Ella y una amiga suya, serían ideales para cumplir mi fantasía.

El lugar elegido, una habitación de hotel, contaba también con un jacuzzi. Antes del encuentro, consentí darme un refrescante baño junto a las dos mujeres, mientras disfrutábamos de una copa de champagne. Linda a mi derecha y su amiga a la izquierda, ambas me susurraban, con ese acento colombiano que es tan sexy, toda clase de cosas sucias que querían hacer conmigo mientras, debajo del agua me tocaban.

La dureza, como piedra, en mi entrepierna no se hizo esperar. Al sentir una mano deslizarse hacia allá abajo, cerré los ojos y me dejé consentir. Aquellas dos mujeres, me acariciaban, besaban mi cuello, mi pecho y me tocaban con unas manos cuyo trato suave y experto era incomparable. La sensación del agua caliente y aquellas dos mujeres, era un verdadero deleite, un cumplimiento perfecto de mi fantasía. Pero yo quería algo más.

Luego de estar un rato entre caricias y besos, salimos del jacuzzi. Ya secos, me acosté en la cama de la habitación, donde ambas mujeres se abalanzaron sobre mí, queriendo engullirme. Así se encontró mi sexo entre las dos bocas, suaves y húmedas, de aquellas dos mujeres; una en el falo, y otra más abajo, lamiendo y besando esa zona que es tan sensible. Yo me retorcía de placer, sintiéndome ser devorado por tales diosas hambrientas.

Linda se acostó boca arriba, su amiga se sentó en su cara, gimiendo gracias al movimiento experto de la lengua. Yo, con preservativo ya puesto, quise entrar en ese coño mojado. Sin apresurarme, primero la punta, luego el tronco, hasta que estuve dentro por completo, sosteniendo la sensación y el placer al momento que besaba a la otra chica, chuyos labios, llenos de mi sabor, eran embriagantes.

Comencé a embestir, duro, duro, me decía ella. Yo le dabas con todas mis fuerzas y estuve a punto de llegar, pero también quería sentir el interior de la chica a la que besaba.

Ella se acostó boca arriba también, con Linda a su lado. Entré en ella, que estaba llena de la saliva de su amiga, dispuesto a darle todo de mí, así que la embestí con todas mis energías y, cuando les hice saber que me iba a correr, ambas, obedientes, se levantaron y abrieron la boca, enseñándome su lengua para que me corriera en las dos. Luego me chuparon, succionándome hasta la última gota, cumpliendo paso por paso una de las mejores fantasías del mundo. Una fantasía que recomiendo a todos los hombres cumplir al menos alguna vez.

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