Una diosa en tacones altos

Había concertado aquella cita con muchas ganas de vivir una deliciosa experiencia en los brazos de una mujer joven y hermosa, capaz de poner a temblar mi mundo por unos momentos apasionados. De todas las escort de lujo, Michelle era sin lugar a dudas la más atractiva y enigmática. Bastó con ver su fotografía para imaginármela caminando conmigo a orillas de una playa y luego abrazando su estrecha cintura, para sentir el peso de su cuerpo contra el mio. La sola imagen me llenaba de fuego las venas.

Cuando llegó la noche del viernes, el día de la cita, me sentía emocionado como no me había sentido en mucho tiempo. Llegué al restaurante algunos minutos antes de la hora programada y ella se presentó puntualmente, llevando un elegante vestido y unos zapatos de tacón algo que desea que no se quitara en ningún momento. Sin duda lucía como una verdadera escort de lujo.

Me saludó como quien saluda a conocido muy querido y nos sentamos a disfrutar de la hermosa velada con el sonido de buena música amenizando el ambiente. De pronto, antes de terminar la cena,sentí desde debajo de la mesa como la punta de su tacón me tocó la pierna picaramente y se deslizo en una caricia lánguida, que prometía muchas cosas maravillosas.

El camino del restaurante al hotel fue muy corto en auto y pronto me encontré entrando al vestíbulo rodeando la estrecha cintura de la hermosa escort de lujo a mi lado. Las mirabas de envidia me hicieron sentir aun más emocionado y para cuando llegamos a la habitación 308, sus brazos me rodearon con deseo, dándome un beso delicioso que me robó el aliento y dejo mi cuerpo en llamas.

−Me encanta como se te ven esos zapatos − confesé con la voz cargada de deseo y ella me sonrió de forma traviesa.

Su cuerpo lleno de curvas debajo de mis manos se sentían como el paraíso y sus suaves gemidos me tenían al borde de la locura. Con una elegancia y entrega que me impresionó, mi hermosa escort de lujo me puso un condón de sabor y llevó mi miembro ansioso a su boca experta, mimando mi sexo con pericia hasta hacerme sentir escalofríos por todo el cuerpo.

Luego la hice incorporarse suavemente para guiarla a la cama donde la despoje de sus ropas con la gusto, mirando su cuerpo con avidez. Entrar en Michelle se sintió como la mejor cosa del mundo, estaba húmeda y resbaladiza, tan caliente que sentí que me quemaba. Verla desnuda, unicamente con sus hermosos zapatos de tacón alto mientras entraba en ella me tenía al borde. Cada roce y ficción, combinados con sus suaves suspiros y gemidos, me llevaron poco a poco al cielo. Exploté con su cuerpo recibiéndome de forma lasciva.

Fue sin duda la experiencia más excitante que había experimentado y todo gracias a una maravillosa escort de lujo en Marbella. Nos despedimos con un gran beso en la mejilla y mientras veía a mi escort de lujo alejándose de la recepción del hotel, pensé que sin lugar a dudas volvería a llamarla pronto.

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