Una verdadera escort de lujo

¿De qué servía tener una enorme mansión, con una piscina hermosa, si no tenías con quien disfrutarla?

Cuando compré aquella enorme propiedad, esa pregunta vino a mi mente inmediatamente. Pero en vez de deprimirme, ese pensamiento me motivó a conseguir una agradable compañera para celebrar aquella nueva adquisición. Gracias a unos buenos amigos, descubrí una página de escorts de lujo, donde la foto de una hermosa Eva me llamó la atención.

Su rostro no se veía en la foto, pero estaba seguro que tendría unos hermosos ojos y unos labios carnosos. La invité a mi nueva propiedad y cuando llegó, me quedé sin aliento. Era realmente una compañía de lujo, una mujer que satisfacía simplemente con dejarse mirar.

Hice que nos sirvieran un buen vino en la sala, donde nos sentamos un rato a esperar que la cena estuviera lista. Ella se comportaba calmada y me miraba intensamente, haciéndome sentir ganas de darle un beso profundo. Estuvimos hablando de todo y de nada, luego pasamos al comedor para cenar ligeramente.

                —Vi que hay una hermosa piscina —dijo Eva distraídamente.

                —Sí, aun no la he usado —respondí pensativo.

                —¿Qué te parece entrar un rato en ella? —preguntó Eva y yo estuve encantado con la idea.

Luego de cenar reposamos un rato en la sala, yo no tenía apuro y ella no parecía impaciente. Estamos en la misma página y aquello me hizo sentir bastante cómodo. Cuando se hicieron las 10 de la noche, caminamos hacia la piscina, sintiendo el clima agradable del exterior.

Para mi sorpresa, Eva dejó caer al suelo el vestido que llevaba, revelando un cuerpo completamente desnudo y esbelto. Sus caderas se mecieron de un lado a otro, mientras caminaba hasta las escaleras de la piscina y entraba en ella, esa mujer era una visión llena de erotismo.

Yo también me desnudé y la seguí dentro del agua, sintiendo la agradable frescura rodeando mi cuerpo. Ella me recibió dentro de la piscina y me dio un beso suave, que correspondí gustosamente, mientras mis manos recorrían su piel tersa y caliente. La besé en el cuello y saboree sus pezones, sintiendo un enorme deseo de poseerla. Ella se mostró receptiva y, adivinando mis intenciones, se abrazó a mi cuello y me rodeo las caderas con las piernas, apretando su sexo contra el mío.

Entre en ella suavemente, sintiéndola resbaladiza y caliente, su boca buscó la mía y comencé a follarla a un ritmo lento y constante, sintiendo su sexo apretarse cada vez más al mío, llenándome de placer. El orgasmo me dejó sin aliento y me mantuve abrazándola unos instantes antes de dejarla ir.

Ella lucía satisfecha, con una enorme sonrisa de placer y antes de que yo dijera algo, ella me dio otro beso y comenzó a nada en la enorme piscina, disfrutando del agua. Yo me acerqué al borde para mirarla nadar, totalmente saciado por el momento y sintiéndome verdaderamente acompañado en ese enorme lugar.

Sin duda, no había nada como una verdadera escort de lujo.

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